Manifestación en Paris : ¿Alborotadores?

28/04/2016 Manifestación en Paris : ¿Alborotadores?
Si tomamos por válidas las cifras de la prefectura o la de los sindicatos, el día 28 de abril, claramente se reunieron menos personas en las calles de París como en movilizaciones anteriores.
Sin embargo, estas cifras no reflejan otra realidad: la fuerte movilización de los anónimos, de los “sin etiquetas”.
– Había “revolucionarios”, y la multitud los apoyaba.
De hecho, el contraste era sorprendente en la manifestación de los sindicatos, que retrocede de forma clara y visible con sus innumerables globos publicitarios, camiones, equipos de sonido y otros folclores sindicalistas.
A cincuenta metros de distancia, 2000 personas viven una realidad paralela, participando en otra manifestación simultanea, sin banderas de partidos o sindicatos. Los jóvenes presentes en las manifestaciones son estudiantes de la escuela secundaria, universitarios, desempleados, autónomos, anarquistas…
Entre esta multitud, un centenar de capuchas, es evidente que van hacia a la confrontación con las fuerzas policiales. Pero a diferencia de las mentiras difundidas por los medios de comunicación de varios países europeos, los “alborotadores” no se infiltraron en la protesta. Ellos no se han beneficiado de la multitud para ocultarse. No, estaban presentes y visibles antes del inicio de la marcha. Muchos de los revolucionarios son convocantes de las protestas y anteponen su propio bienestar esforzándose para que la movilización logre resultados positivos en la vida de los trabajadores y estudiantes.
Miles de personas han decidido caminar a su lado. Miles de personas no tiraron adoquines a la policía antidisturbios, pero acompañaron a los que sí tiraron y les ayudaron (con sus canciones, con su presencia, con las manos extendidas cuando una persona estaba herida, proporcionando botellas de agua y auxilios médicos).
Sí, es algo nuevo y aún frágil. Pero en las últimas semanas de manifestaciones, ocupaciones y acciones directas han perfilado la opinión de una pequeña mayoría que cree que la lucha estudiantil no debe consensuarse con la Prefectura ni con el gobierno.
Estas personas no están sedientas de sangre. Si los ves en la manifestación autónoma podrían confundirlos con cualquier manifestación de estudiantes o las protestas de la plaza de la República.
Desde el inicio de las protestas, sentimos que algo está pasando.
Los héroes anónimos no son del agrado de los sindicatos. Haciendo uso de los mismos argumentos que el gobierno y las fuerzas del orden ( “vándalos, salvajes”), los sindicatos se niegan a moverse hasta que la cabecera de la manifestación no sea visiblemente pro-institucionalista.
– Los sindicatos sienten que están perdiendo el control.
Al caer la tarde, los choques violentos con la policía antidisturbios
les permiten legitimar su posición, distanciada de la convergencia de las luchas. El discurso parece imparable:
“No vamos a unirnos a los violentos, arriesgando nuestros seguidores en escaramuzas.”
La realidad es diferente: lo que no agrada a los sindicatos (como el gobierno) es que nazcan movimientos contestatarios incontrolados e incontrolables que promuevan la idea de que la lucha debe tomar la forma física de una ocupación, bloqueo , sabotaje o destrucción.
La estrategia de los sindicatos mayoritarios es exactamente la misma que la de las autoridades: asegurarse de que el menor número de personas se una a los “alborotadores/revolucionarios”. Los sindicatos sienten que están perdiendo el control de las luchas sociales, no son ni la iniciativa ni el corazón de las batallas del movimiento. El gobierno sabe que apenas puede contener un movimiento listo para la batalla si hay miles de personas en sus filas.
La violencia de la policía antidisturbios (CRS) es injustificable.
Cuando la manifestación llegó a Austerlitz, varias docenas de manifestantes se adueñaron de varios adoquines para lanzarlos sincronizadamente contra las fuerzas del orden. La policía replicó. Esta réplica fue de una magnitud difícil de justificar, extremadamente violenta, y no sólo eso, sino que los manifestantes sintieron el odio desenfrenado de los policías.
Mientras que con pocos gases lacrimógenos consiguieron dispersar a la multitud, la policía decidió inundar por completo el distrito de gases lacrimógenos. Una acción que llegó a ser físicamente peligrosa.
Los testimonios aseguran que personas desprotegidas trasladaron urgentemente a manifestantes con síntomas de asfixia: “se oían gritos y muchas personas tosiendo”. Se trataba de una estrategia para hacer daño a los manifestantes obligándoles a dispersarse.
Estas personas no lanzaban adoquines, por lo tanto el objetivo de esta respuesta ultra violenta fue disuadir a los manifestantes para que no mostrarán su solidaridad con los “elementos” revolucionarios de la manifestación. Infundirles miedo, para impedirles que vuelvan a unirse a las filas de los anónimos y los radicales en las próximas manifestaciones.
– Más allá de la ley.
El mismo mecanismo se estableció un par de horas más tarde en la Plaza de la República, cuando la policía decidió despejar la plaza evitando que cualquier persona pueda pasar la noche. Esto se hizo con cargas extremadamente violentas, sin distinción, contra cualquier persona, sin importar la edad.
La cuestión no es juzgar las decisiones de cada uno de los manifestantes. El que decide tirar una piedra en una ventana o a un antidisturbios lo hace con conocimiento de causa. Si es detenido y juzgado por su acto, forma parte de la lucha contra el capitalismo salvaje, es un activista o un revolucionario, una persona que lo da todo para impedir que se vendan armas desde los paraísos fiscales, un individuo anónimo dispuesto a combatir la precariedad laboral, la represión política, el calentamiento global, las muertes en las fronteras, el auge del fascismo y racismo…
El conflicto real es cuando la prefectura y el gobierno ordenan a la policía ir más allá de la aplicación de sus leyes, empleando voluntariamente una violencia excesiva e indiscriminada con un objetivo político: romper los movimientos sociales. O más bien romper y destruir la parte del movimiento que nunca consiguen controlar.
– La represión ha hecho emerger las semillas de la revuelta.
Nadie sabe cómo evolucionará el movimiento en las próximas semanas. Además, no es “un” movimiento sino múltiples fuerzas puestas en movimiento, creando convergencias.
Las líneas políticas y policiales que han intentado dividirnos han dejado de ser visibles y eso conlleva una preocupación para los líderes (políticos, económicos y mediáticos) del país. La fuerza del movimiento es también su debilidad: incontrolable, impredecible y difícil de alcanzar.
La forma en que el gobierno trata de contener las protestas es impropia de la izquierda, incluso impropia para la izquierda institucionalista, y podría ser contra-productivo para el Partido Socialista francés.
No importa cómo finalizará, ya es una victoria de los corazones en los que brota la semilla de la rebelión y la lucha radical.
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