[Francia] Cédric Herrou se enfrenta a 5 años de prisión por ayudar a refugiados

[Francia] Cédric Herrou vive a tres kilómetros de la frontera italiana y es la primera casa que encuentras de camino hacia Francia. Muchas personas golpean su puerta cuando tienen hambre, cuando hace frío, cuando se pierden, cuando están enfermos o lesionados. Él siempre tiene un plato de sopa caliente para cualquier desterrado, clandestino, fugitivo, migrante o refugiado. Con sus ojos ha visto cómo los jóvenes se prostituyen por un plato de comida. Cédric ha decidido no mirar hacia otro lado:

“Si sigue así, creo que voy a terminar en la cárcel. Me piden que cierre la puerta de mi casa y que haga un muro en mi granja para que nadie pueda entrar. Me preguntan cuando conduzco por la noche, cuando llego a mis entregas a altas horas de la noche, me preguntan cuando me encuentro con menores de edad o mujeres con niños y les ayudo a cruzar, me piden que gire la cabeza y no mire. Me piden que cierre los ojos ante la mafia que trabaja en la prostitución, en el tráfico de personas (en la frontera), en la pedofilia… Me piden que deje a los niños allí. Y no puedo! ” (Cedric Herrou en una entrevista transmitida por France 3 Provenza-Alpes 30 de de noviembre de, 2016)

Cédric Herrou se enfrenta a 5 años de prisión y 300.000 euros de multa por la “entrada, la circulación y permanencia de extranjeros en situación irregular”.

Llamada de solidaridad

Cédric, no recibe apoyo económico de ninguna institución. Si la persecución política y policial continúa, su vida puede derrumbarse. Es frágil. Tiene una pequeña familia. Vive en un lugar en el que el coche y permiso de conducir son esenciales. Vende sus olivas en los mercados locales justo al lado de su granja, pero en el lado italiano… Necesita su teléfono para el trabajo. La justicia puede encontrar mil y una maneras para destrozar la vida de Cedric.

La solidaridad y el apoyo mutuo no son un crimen. Acoger y alimentar a personas sin recursos, ya sean refugiados o personas sin hogar no es un crimen. Si las instituciones públicas se desentienden de los más vulnerables y condenan a los valientes voluntarios que se enfrentan a la desigualdad y la miseria, es necesario unirnos y gritar: ¡La solidaridad no es un crimen! ¡Cédric necesita nuestro apoyo!

Texto de Free Collective

cedir

 

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